17/7/15

Canto azul

Camino al río, frío río
te encuentro sentada
                                       en el bosque

Los pájaros te acompañan
frente a ti un rojo viviente
habla de estrellas y polvo
Te invito a correr, correr
enamorarte de los arboles
                                       matar la luz

El sol sale de su infierno
crucemos el mundo
CRUZAMOS SANGRE




Canto blanco

El temor nace de un dios,
uno que jamas existió
/a alguien mordió/
Perdido en el blanco, ahora (ahora-ahora-ahora...∞)
estático silencio
eco del mañana
aprieta el cielo sobre mis pies
¿Preguntas?
Los puertos fueron destruidos
así los buques no lo encuentran
y el gris aumenta el volumen
/en círculos/
Ardo en llamas horizontales
envejecidas por los nombres
de ríos
sin dientes
dejando una estela invisible
de la que cuelgan las vocales
No hay direcciones, ni una
sombra de plata
noche escondida
para perderme; guardar montañas

Dime, oh Dios: cuando me azotes,
¿sabrás que yo existía?

Canto negro

Caminó deprisa, un hombre,

por la tierra probada.

Observaba todas direcciones

Escuchaba todas emociones

Y gritaba: “Dios, Dios”.



Caminó deprisa, un hombre,

por los mares discretos.

Reía con las olas

Lloraba con las olas

Y gritaba: “Dios, Dios”.



Caminó deprisa, un demonio,

entre el triangulo de serpientes.

Devoró universos

Bebió de los labios

Y gritaba: “Dios, Dios”.



Se encontraron, hombre y demonio,

sobre una montaña.

Detuvieron sus pasos

Detuvieron sus cantos

El primero dijo – No -

El otro contesto - Sí -




Caminó un dios, uno lento,

por entre su ser.

Nada veía

Nada reía

Nada escuchaba

Nada lloraba

Y gritaba: “Sí, Sí”.




Bueno, ahora conoces el canto,

¡ve, pues, a perderlo!

5/2/14

No hay comentarios (y otras alegrías eternas)

I have left my book,
I have left my room,
For I heard you singing
Through the gloom.

Joyce




Por accidente fui a parar en la casa del Diablo, y, para desgracia de ambos, él no estaba ahí. Lo supe en cuanto Cerbero no ladro ni se acerco a roer mis gastados huesos. Su ignorancia me dolió. Así caí de vuelta sobre las piedras, a la puerta de un templo custodiada por dos negros eunucos igual el primero al segundo. Más adelante cobraran importancia, por ahora sólo me dejaron pasar, sin preguntas. Dentro no había nada ni nadie así que salí por otra puerta (la falsa). Me halle de nuevo frente a la primera, ahora sin guardianes. Pero está vez la encuentro cerrada. Rodeo el espacio ensuciando su pulcritud; no encontré nada mejor que hacer. ¿Subir? Mi última opción, la cual tuve que realizar ante la ausencia de actividad cerebral. Una nube en el cielo se contemplaba como único punto de apoyo, así que la tomé de la mano y la despedacé para nunca volverla a ver, y amasé los recuerdos formando una nube nueva: desparecí lo que vendría. Polvo queda, como siempre, cuando y entonces. Una vez más arriba. Una vez menos cerca de lo otro. Desperdiciando la alegría en inaccesibles vueltas de tuerca, mas sabiendo que no importa nada porque de nuevo es eterno. Se repite la oración. La pasión se acumula en símbolos profanos ahora sagrados y derogados. Coma lo que se esconde tras cada coma. Permaneceré perteneciente a los segundos, pues lustros y astros se pierden en el mar. Ahora es cuando los guardianes negros vuelven para atraparme, encarcelarme, enjuiciarme, insuflar en mí la peste negra. Otra tuerca apretada, una espina más a la corona. El reino es llamado, saqueado y quemado; en llamas se queda. Los polos se invierten. Y el yo, el tú, él, el nosotros, el ustedes, el ellos se pierde. ¿Qué hay detrás de la ventana? Alguien cerrándola. No se habla más. No hay nadie en el palco. Ir para volver.




1/6/13

Velazco

Donde el abecedario comienza con Z.

Ceniza, Justicia.





Sé hablar lenguas muertas, y lo demostraré: hablaré de la fe.




Algo más allá, por donde hemos pasado, era todo lo que había. Unas manos posaban sobre la niebla haciendo saber al mundo que no sólo existe. Y sombras y sombras se ennegrecen, se tornan tangibles dejando de estar atadas a la luz; no necesitábamos la luz. Sabíamos de cierto lo que dejamos y tomamos. Éramos nosotros. Y avanzamos. La niebla se fue y el sol invadió. Nos miramos, eso provoco la escisión. Estábamos nosotros. Nada más existe. Comencé a creer en los fenómenos. Ahora ardo frente a un espejo que se extiende infinito, y cada segundo mi memoria escapa volviendo a mí. A mí y a lo que creo: caos; risas; risas que salen de todas partes, de todo. Y yo soy otro, no todo. Caigo fulminado. Mi lengua muere.