18/1/18

tres y uno o uno y tres

De nuevo por aquí. Como fantasmas, aparecemos y desaparecemos. 2018. Otro año, otra oportunidad. Este blog tuvo su primera entrada hace 13 años. 13. Yo tenía 17 (casi 18); ahora estoy a semanas de los 31 (o sea que tengo 30). Qué suerte.
Cambié la dirección de la página, así que las personas que, tal vez, leen esto quizá no lo encuentren más.
Es igual. Nunca sé si alguien lo lee.
Extraño al anónimo que solía comentar cuán malos son los "textos" que aquí publico y que no soy escritor. No los considero textos ni me considero escritor. Esto ha ido perdiendo gracia. No he crecido. Me hago viejo, pero sin experiencia. 
Podría estar en un doctorado, en una maestría, terminando una segunda carrera, pero no he terminado la única que he realizado.
Decepción. No creo que extrañe (a ti, lector de este agujero en el internet), porque las entradas, todas, dan cuenta de la mala calidad de mis observaciones, intereses, conocimientos, posibilidades. 
Cada día se vuelve más difícil comunicar. 
Tal vez lo haga. Siempre puedo poner un video o una imagen, o palabras que no hacen sentido a nadie.
Lo escribo porque al final sólo yo lo leeré, y quizá me ría en unos años.
Bueno, es todo.
Adiós. 

7/12/17

caminar

Si tras asomar a la ventana nada has cambiado; si después de ver las hojas del árbol en el suelo todo sigue igual; si al saber a tu hermano perdido sientes que no puedes asistirlo, entonces vuelve a la cama, quédate en ella. No se ha revelado tu estrella. Tus pasos llevarán a ningún sitio y serán borradas las huellas que pudieras dejar. Envuelve los pensamientos para que la metamorfosis se logre: las funciones cambien, los sentidos sean otros, el andar conduzca a un posible proceder. Espera la luz, y avanza hacia ella. Si no llega, nadie te buscará.




27/11/17

lejos del mar

Miedo y asco, como el cazador. Vuelvo al lugar donde se confunden orina y sangre; vuelvo sin alcanzarlo, sin tocarlo. Es memoria: reconstrucción, a veces revelación. Siento el calor, el viento que nos arrastra, la brisa suave, el dolor de los golpes en la cara. Veo un cielo azul, naranja, violeta, negro y un mar verde, siempre verde, con brillos tornasol; veo al sol salir del mar, las lagrimas de la mujer, el terror del niño, la ignorancia del hombre. Cerca hay una caja de enormes proporciones, y nada más al rededor. Decido no recordar más, dejar de respirar bajo el agua. Laceraciones no descriptivas. A años luz de aquí. Volver a la barca, remar. Nada que perder, nada que ganar. Te veré ahí, o no. 

22/11/17

poema

u otra cosa
tal vez una idea
bosquejo de sueños
con los ojos cerrados
ves más que los cuentos
conspirativos de siempre

ella dice que el viento
se revierte y anda
suelta su cabello y ríe
como no lo había hecho

a menudo los colores
extraña forma de la luz
intención contra el dolor
objetos para devolver
únicamente predicen la voz

querer es dejar de querer
dejar de caer y soltar el grito
una cadencia de lilas 
aparente incoherencia 
placer desventurado

el puente que existía 
las guerras que pasaron
los niños que sostienen
espadas y corazones

los brazos arrancados
las cabezas en lo alto
y todos vean lo siguiente
que como lo anterior
es la cuerda pulsada





9/11/17

espasmo: pasaje biográfico

El día que murió, algo sucedió:
el espíritu se levanto para luego hacerse a un lado;
otro tomó su lugar y, valiente, lloró.

db




He dado cuenta que en la pantalla escribo con fluidez, sin detenerme en razonar los caracteres, las letras, palabras, oraciones. No así cuando sostengo una pluma y garabateo en un pedazo de papel arrancado de no sé dónde; sucede, entonces, que la primera forma (el trazo, la ondulación, la rectitud o redondez) anula el impulso. Nada de gracia. Cosas que pasan. Sucedió que una mujer tuvo un ataque epiléptico durante una obra de teatro. Llamó mi atención porque minutos más tarde —cuando los actores pudieron retomar la presentación—, un personaje caía en éxtasis, víctima de su iluminación. La mía se ha atenuado, pero sé, eso sí, que no hay sólo blanco y negro. Lo sé. Pero no por eso seremos amigos. Lo de antes se añora, se olvida, se canta, se escupe, se hace un dibujo sobre ello. ¿Por quién doblan las campanas? Seguiré preguntando, advierto. Frente al elevador río, estúpido. Más tarde, estúpido aún, explicaré porqué, y me asustará la razón (lo hace siempre, sus sueños producen monstruos). Dejo de dormir, grito y me convierto en el sueño. Con derecho se deshacen de mí. O yo me deshago en mí. O mí oh, mí— se desdice y revierte. Una cadena irrompible, toda ella el eslabón devil. Un ratón más, un ratón menos, un agujero en la cabeza que hace un cráter en la realidad, que no hace qué hacer. Ese sonido, no aquel, ése, el que no se escucha más, el que nunca se ha escuchado, ése; no le identifican. Me invitaron, cancelaron, no han vuelto a llamar. Me invitaron, asistí, no sabían que decir, no sabía que decir, dije y no quise volver a decir, insistieron en mi decir en tanto su decir era repetir. El cello nos escucha. No quieren escuchar, duelen los oídos. Las fosas nasales están limpias, sonoramente limpias. Todo puede pasar. No va a pasar. Pero puede pasar, sólo no va a pasar. Intenté, de verdad lo intenté. Hace mucho que el hilo terminó. Sólo quedan las agujas.