27/2/13

Carta sin rostro

Margot me ha dicho muchas cosas. Algunas desiertas y otras contrarias. La mayoría son reflejo de días más allá de todo recuerdo. Días en los que una parábola se abrió bajo mis pies y condujo la memoria a un festín donde encontré no solo belleza, también miedo y ausencia, sorpresa e ira; paladeé todos los gustos que se ofrecieron, todas las moléculas que existirían. Y desperté en un momento perfecto para desaparecer de las tormentas. Herido de muerte, con un fuego en la cabeza que me permitió vislumbrar el sendero el otro, el mío, corrí por las azoteas mudando de piel, dejando pedazos de la luz bizarra que se me ha otorgado. Displicente siempre, nunca confiado del oro, encontré en lo más recóndito aquello que no fui a buscar, lo que no me importa. Me deshice, y comencé de nuevo y de nuevo y de nuevo y de nuevo, bailando. Pisé demasiados dedos, y los míos fueron triturados muchas veces. La música continúa aún así. No se detiene, nunca se detiene. Profiero entonces conjunciones desarticuladas respecto a sombras y árboles, plumas y lluvia, ríos y electrum. Bagatelas. Una tesis que no aparece porque requiere su antítesis, y esa debe salir a cazarse no llega sola. Voy, ahora, a explotar de mil maneras y una manera. Ser un i.d.i.o.t.a. hasta que lloren mis ojos, hasta que los periódicos dejen de hablar de lo mismo, hasta que encuentre la tierra. Cuando eso suceda sabré que el sueño ha terminado. Como este lugar y este silencio. Como arriba y como abajo. Gracias por todo, gracias por nada.















20/2/13

Zumbido de perro

(Una persona me pidió que escribiera unos cuantos haikus para ayudarle con un proyecto. No es empresa fácil, pero me decidí a hacerlo. Opté por inspirarme en un disco de Buzzcock escribiendo un texto sobre cada una de las canciones. Esté es el resultado. Ahora que lo publico no quedo muy contento, pero fue divertido hacerlo, un buen ejercicio creativo. Espero que alguien le encuentre sentido, sólo el suficiente).

 
Otra y otra vez

las hojas tornan rojas.

Algo está mal.







Mi lugar.

Lo encuentro cerrado,

ajeno.





Lo gasto

todo y demás.

Así deseo.



Tengo una idea

que desaparece.

Era música.






Debajo están

los dibujos de anoche.

De nosotros.






Corrí mucho.

Intentaba alcanzarte,

como antes.





Mi auto explotó,

una venganza italiana.

Sucedió así.







Una pesadilla,

el mundo tiene fin.

Estoy despierto.






Muchas imágenes.

Herramientas, precipicios, animales.

No deberían.






En mi taza

una infusión blanca de arándanos.

¿Qué tengo?






Pequeñas maquinas

haciendo mucho ruido.

Me siento absorto.







El reloj

pegado a la pared

me desintegra.





La casa vacía

evoca una respiración que

sólo ella conoce.





Una cadena

ata un perro a otro.

Algo invisible.





Lo que he visto

se detiene a lo lejos.

Se pierde.





Un cuadro

olvidado en la esquina.

No sé que es.

12/2/13

Teo





Esto es un juego
y no estoy molesto;
ninguna lágrima lavará
la sangre esparcida en el piso.

27/1/13

Dientes

Un dedo perdí.
Fragmento de mí
que no volverá.

Miro mi mano
y toco mis labios.
No está más.

Una sonrisa me escapa,
pues nada obtuve de él.
Desprecio y fabulas;
el eterno aborrecer
a lo que me he entregado.

Lo que nunca deseé
y siempre esperé.
Una conclusión.


 

25/12/12

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21/28

Se adelanta la broma. No la iniciamos nosotros, y tampoco la continuamos. Vamos a perder todo volando al ras del techo; mirar hacia abajo es un acto solitario. Muchos problemas ocurren en las últimas horas, los últimos días. Son los primeros de una nueva época, para ti y para mí. Esto no gustará a José. ¿Sera una ruptura? No dijimos nada, sólo un loco que gusta del espectáculo creyó ver algo de lo que otros no dan crédito. Las buenas letras, las capitales, no están aquí. Cosa segura. El cielo es verde y las mujeres no hablan. Nadie habla. Toma el último respiro. Ríe. Todo es broma. 





12/12/12

кроме света

Mañana correré desnudo
por el mar de cobre;
mi cuerpo rasguñado,
devorado por pocos.
Un punto desfigurado
marca mis actos.
Nadie lo reconocerá.


Pero ahora (esté momento)
estoy volando alto
casi tocando el sol,
y no lo veo.
Nada veo.



4/12/12

jvs

Tenía quince años. Empecé a escuchar un poco al respecto. Lo primero que supe no me agradó, pero tampoco contrarió. Puse atención y lo atrapé. Comenzó, así, una aventura de muchos años, viajes y visiones. El tejado fue mi hogar, con acento en la o. Me enseñé a leer y escribir. Aprendí a olvidar y perder el tiempo, a desaparecer del mapa, a incorporarme sobre él. Era, yo, lo que antes estaba esperando, pero siempre esperando, nunca logrando alcanzar la meta. Mientras tanto escuchaba trompetas celestiales, pianos volcánicos, cuerdas y martillos, repercusiones en mis oídos, nuevos mitos, viejas ciencias. Crecí un poco (no demasiado). Las cosas cambiaron y me asenté en el fondo. Dejé de encontrarle gracia a la tragedia. Su sabor a ricino oxidado desesperó mis anhelos de regresar a la cama. Vil, calva, llena de grasa y poca gracia, mi cabeza estaba cubierta de chillantes colores provenientes de un universo perpendicular con éste. El mundo era como en las revistas suecas. Pero subí y todo pereció. Un peldaño. No más. Haría falta aún para llegar al final. Ana masca. Yo escupo. Algún otro traga. Es una adivinanza.