23/9/11

Flaco

Un día cómo cualquier otro, cuando las luces son reflejos únicamente y las cosas transcurren sin necesidad de molinos, estos se encienden.
Un golpe despertó a todos. No un sonido, pero un temblor.
Veintitrés correspondencias.
Salimos los otros y los hunos. Escondidos y gallardos; inconformes, silentes, desprendidos, decididos, humeantes... con una visión clara.
Un golpe que durmió a uno. Un resplandor de vivido color.
Sucedió lo que siempre. Disolución. Aquí y allá.


Un nuevo héroe.



La historia podría ser más amplia, pero las narraciones han muerto.
El juglar ha muerto. Ha dejado su lira rota.



6/8/11

Pascal tenía razón


Nunca creí necesitar a tanta gente.
No pensé necesitar tanto el llorar.

Una cosa o la otra, o ambas y ninguna. Los ojos rojos son consecuencia del viento y la velocidad de mi pasos. Me alejo para bien.
El hedor permanece dentro de mis fosas nasales. Dentro de mis globos oculares. Proviene de mi piel, se esparce a través de mi lengua. 

Mas escucho. Y el aire y su viento no pueden nada ante el sonido que escucho.

Cinco años; encuentros posteriores.
Todo viene. Nada va.

Atrás
(Salir).


Harold Edgerton

11/7/11

Días veloces

Allí donde huele a mierda, huele a ser.

A. A.



Contestar la pregunta "¿cómo estás?" se me dificulta, todos los días. El estado cambia de súbito cada segundo, por lo que dar una respuesta verdadera es imposible. Lo más acertado es decir que no lo sé. 
Pero ahora sí que lo sé.



Charles Burnett


Salí tarde, como me sucede a menudo. Serge había llegado a mi casa a saludar. Hacia algún tiempo que no nos veíamos. Fuimos a comer y a conversar sobre los últimos sucesos en nuestras cotidianidades. Nada nuevo, nada viejo. Cosas corrientes que se alejan de lo nuestro. Después él fue a una fiesta y yo volví a casa a prepararme para ir al bar donde trabajo. Las dos noches anteriores habían sido movidas. Mucha gente y mucho alcohol en la mesa. La primera de esas noches, Lea había llegado a la ciudad acompañada por 9 amigos suyos. En ese momento no quise ni pude acércame a ellos; mis nervios, crispados, me alejaron de ese encuentro. La tercera noche todo fue más tranquilo. CSM tocaba sus experiencias, Des atendía las mesas y yo servía las bebidas. El jefe no estaba. Terminó la noche rápido. Cerré el lugar y fui a alcanzar a Lea, Serge y el jefe a la fiesta que habían hecho. Salí tarde: cuando llegué estaban partiendo. Cansados por haber caminado tanto ese día, iban a descansar. También yo me propuse dormir sin más demoras. Serge y yo nos retiramos y emprendimos el camino. Conversamos sobre el manejo de las situaciones; sobre las clases, todas distintas; sobre ese sentimiento que oprime nuestros cerebros y esparce sus pedazos al rededor. Y, como las ratas, caminamos por el túnel. Al salir, las ratas se hicieron visibles. Nos atacaron tres. Cada uno con una navaja en mano. Serge pudo salir corriendo. Se abalanzaron sobre mí. Me quitaron casi todo lo que tenia: llaves, ruido, fuego. Muchos vieron todo, pero ni uno solo hizo algo para evitarlo. Serge volvió y fuimos a hablar con un policía, pero fue igual a si nada hubiésemos hecho. Logré entrar a casa sin utilizar las llaves. A la mañana siguiente salí tarde, y a los pocos pasos las ratas volvieron y me quitaron lo que me quedaba. No podía/puedo creer mi suerte. Fui a ver a Lea y a sus amigos antes que se fueran. Si antes no había dicho nada, ahora fue más mi mutismo. Nada de qué hablar. No hay nada.
Ella y sus amigos se fueron.
Yo vuelvo tarde a casa.
No hay nombre para mí.


18/6/11

Me sentí como un actor

No existe documento de cultura
que no sea a la vez documento de barbarie.

W. B.
 


Las palabras no salen de los muertos. Requiere agallas el acto de escribir, las necesarias para saltar de un punto a otro de la imaginación del lector. Cuando logran aparecer en la hoja blanca -pantalla negra- transfiguran de forma aleatoria el entorno. Modifican lo anterior y lo posterior. El autor lo es de una obra, una obra que no está realizada sino sugerida. El lector es un espectador. Puede permanecer de esa forma, o volverse un traductor. Este entrevé más allá del mero lenguaje, de las simples palabras; acude a lo esencial de lo que ahí hay. Y de tal manera que se vuelve un actor, intérprete de la obra. El sentido es vivido. No deja de ser ambiguo, confuso, abierto a infinitas posibilidades. Pero es tangible entonces.

Las acciones del lector son de cultura. Absorbe lo que otros han engendrado, y lo hace para quedar estático. Se subleva ante los vientos extraños, los movimientos de tierra. Colecciona colecciones de objetos coleccionables. Es maestro en la técnica. Permanece uno y uno solo. Todos son uno.

La barbarie es del actor y del autor. Construyen, con el auxilio de un permanente estado extático, los vehículos que serán utilizados por uno, pero no por ellos. No hay tiempo ni espacio para ellos. Devienen de forma constante. Lo que ha sucedido ya no es. Lo que viene aún no es. Hay nada. Y solo los bárbaros logran dar cuenta de eso.


31/5/11

¿Y ahora que pasa, eh?


Alison Scarpulla


Camine algunos kilómetros sin dirección. Lo mismo era norte y oeste, este y sur. Lo mismo me importaba. Tenia una moneda de 30 en el bolsillo. No tiene valor, pero durante mi caminar pensé: "La colocaré sobre mi ojo izquierdo el día que muera, con ella pagaré el viaje a través del río". Mis pasos no me alejaban del punto de partida, tampoco me acercaban a un destino porque yo no tengo uno de esos. Se llama continuidad. Es para siempre, por siempre, desde siempre. Cuando así camino no presto atención al paisaje, soy invisible y nada puede percibir que estoy aquí. Estuve ahí cuando un ave roja expulsó formas negras. Nadie sabe interpretar eso porque no es historia, no. Esa ave huyó por primera, y ultima vez, de la forma negra, la cual permanece. Si hiciéramos como los niños sucedería lo impensable, y lo negro seria amarillo. Pero hombres y mujeres son hombres y mujeres sin posibilidad de interceder con el círculo cromático. Y como yo se preguntarán que tiene una cosa que ver con la otra, hacia dónde apunta el viaje emprendido. No hay dirección y hay una sola. Muerte que no es fin, es comienzo. Demoler ruinas es un acto de cultura porque es un acto de barbarie. Lo que es tradición es natural, lo que es natural se convierte en un estado mental y lo mental en liquido negro. Es lo mismo, cada día. Nada tiene sentido, todo no lo tiene. Es una canción que se repite ad nauseam. Es una tonada pegajosa. La negación de lo acontecido en favor de lo que acontece. La historia es historia y lo será mientras nos concentremos en seguir el camino imperiosos. Perdido en la noche, sin conocimiento del amanecer el pensamiento desvanece.




(¿Y ahora qué pasa, eh?)