18/10/11

Menos

Signo de realidad.
Lo percibo en todas partes, en cada reflejo.
Sigo frente al espejo sin tener la cabeza.
Ha caído primero; el resto sigue sacudiéndose.
El sentido común me es desconocido. Nada como eso.
Destrozo mármol y cristales en aras de construir catedrales.
No habrá una lo suficiente grande, sólo tendré fragmentos.
Creer sin fé.








29/9/11

El asesinato del hombre-lobo

If I said the word was love,
would you agree?


David J.






Gerhard Richter






Las cosas giran en torno a fuerzas inconmensurables.

Todo es arte, ¿lo sabes?

Concebir el vacío es, ya, un hecho ipso facto.
(Los hechos ocurren después).

El paso entre un lado y otro no requiere fronteras, sólo necesidad.

Anticuado habito. Viejo y sin gracia.

Lo sé.

23/9/11

Flaco

Un día cómo cualquier otro, cuando las luces son reflejos únicamente y las cosas transcurren sin necesidad de molinos, estos se encienden.
Un golpe despertó a todos. No un sonido, pero un temblor.
Veintitrés correspondencias.
Salimos los otros y los hunos. Escondidos y gallardos; inconformes, silentes, desprendidos, decididos, humeantes... con una visión clara.
Un golpe que durmió a uno. Un resplandor de vivido color.
Sucedió lo que siempre. Disolución. Aquí y allá.


Un nuevo héroe.



La historia podría ser más amplia, pero las narraciones han muerto.
El juglar ha muerto. Ha dejado su lira rota.



6/8/11

Pascal tenía razón


Nunca creí necesitar a tanta gente.
No pensé necesitar tanto el llorar.

Una cosa o la otra, o ambas y ninguna. Los ojos rojos son consecuencia del viento y la velocidad de mi pasos. Me alejo para bien.
El hedor permanece dentro de mis fosas nasales. Dentro de mis globos oculares. Proviene de mi piel, se esparce a través de mi lengua. 

Mas escucho. Y el aire y su viento no pueden nada ante el sonido que escucho.

Cinco años; encuentros posteriores.
Todo viene. Nada va.

Atrás
(Salir).


Harold Edgerton

11/7/11

Días veloces

Allí donde huele a mierda, huele a ser.

A. A.



Contestar la pregunta "¿cómo estás?" se me dificulta, todos los días. El estado cambia de súbito cada segundo, por lo que dar una respuesta verdadera es imposible. Lo más acertado es decir que no lo sé. 
Pero ahora sí que lo sé.



Charles Burnett


Salí tarde, como me sucede a menudo. Serge había llegado a mi casa a saludar. Hacia algún tiempo que no nos veíamos. Fuimos a comer y a conversar sobre los últimos sucesos en nuestras cotidianidades. Nada nuevo, nada viejo. Cosas corrientes que se alejan de lo nuestro. Después él fue a una fiesta y yo volví a casa a prepararme para ir al bar donde trabajo. Las dos noches anteriores habían sido movidas. Mucha gente y mucho alcohol en la mesa. La primera de esas noches, Lea había llegado a la ciudad acompañada por 9 amigos suyos. En ese momento no quise ni pude acércame a ellos; mis nervios, crispados, me alejaron de ese encuentro. La tercera noche todo fue más tranquilo. CSM tocaba sus experiencias, Des atendía las mesas y yo servía las bebidas. El jefe no estaba. Terminó la noche rápido. Cerré el lugar y fui a alcanzar a Lea, Serge y el jefe a la fiesta que habían hecho. Salí tarde: cuando llegué estaban partiendo. Cansados por haber caminado tanto ese día, iban a descansar. También yo me propuse dormir sin más demoras. Serge y yo nos retiramos y emprendimos el camino. Conversamos sobre el manejo de las situaciones; sobre las clases, todas distintas; sobre ese sentimiento que oprime nuestros cerebros y esparce sus pedazos al rededor. Y, como las ratas, caminamos por el túnel. Al salir, las ratas se hicieron visibles. Nos atacaron tres. Cada uno con una navaja en mano. Serge pudo salir corriendo. Se abalanzaron sobre mí. Me quitaron casi todo lo que tenia: llaves, ruido, fuego. Muchos vieron todo, pero ni uno solo hizo algo para evitarlo. Serge volvió y fuimos a hablar con un policía, pero fue igual a si nada hubiésemos hecho. Logré entrar a casa sin utilizar las llaves. A la mañana siguiente salí tarde, y a los pocos pasos las ratas volvieron y me quitaron lo que me quedaba. No podía/puedo creer mi suerte. Fui a ver a Lea y a sus amigos antes que se fueran. Si antes no había dicho nada, ahora fue más mi mutismo. Nada de qué hablar. No hay nada.
Ella y sus amigos se fueron.
Yo vuelvo tarde a casa.
No hay nombre para mí.